EL HUSO, EL TELAR Y LA MÁQUINA: LA EVOLUCIÓN TECNOLÓGICA DEL SECTOR TEXTIL

Cuando una persona está sin ropa, decimos que está «como vino a este mundo». Esto quiere decir que se encuentra en su estado natural, sin
prendas de ropa encima, sólo piel versus la naturaleza, el pudor humano y cualquier otro elemento con el cual realice algún contacto físico.
¿Acaso no es eso un poco extraño? Que consideremos nuestro estado natural algo anormal es en sí mismo anormal, considerando que para
el resto de las especies en este planeta, no es necesario ir por ahí buscando una segunda piel para protegerse (a excepción de los caracoles,
a quienes en realidad no nos parecemos mucho).

Para nosotros, la ropa es algo natural y simbiótico. La tela no es algo que usamos, sino algo que vivimos, tan natural como el aire que
respiramos. Es uno de esos avances humanos que se ha mezclado completamente con nuestra identidad y nuestro estilo de vida. Desde que
existe el ser humano, existe la vestimenta, y desde que existe la civilización, existe la industria textil en una forma u otra. Cada salto
tecnológico, pequeño o grande, nos lleva a un avance en la forma en la cual creamos nuevas vestimentas.

Una nueva piel
Las telas emergieron desde tiempos prehistóricos, con técnicas crudas en las cuales plantas, semillas y pelos de animales se usaban para
crear hilos y luego confeccionar prendas de vestir. Para efectos prácticos, estas técnicas rudimentarias no resultaban óptimas para
protegerse de los elementos, pero con el paso del tiempo y la llegada de la civilización, las sociedades avanzadas se identificaban cada vez
más con ropajes complejos cuya confección reflejaba su cultura y la habilidad de sus sastres.

Durante un espacio de casi dos mil años, los hilos y telas eran fabricados con husos (una herramienta que le da forma de hilo a la fibra textil),
y la clásica rueda de hilar, la cual variaba según el paso del tiempo pero permanecía siendo la misma en esencia. El verdadero cambio surgió
alrededor del año 1400 después de Cristo cuando fue creado el primer huso enteramente mecánico, un avance que marcaría un antes y un
después para la vestimenta en todo el mundo.

Al llegar el siglo XV, se popularizó la mecanización del proceso para hilar en la Europa renacentista, máquinas cada vez más complejas
creaban una mayor cantidad de hilo con un esfuerzo mucho menor para el trabajador, y con esta facilidad la vestimenta elaborada pasó de
ser una señal de prestigio a una característica común. Ahora el prestigio no se encontraba sólo en la prenda o su nivel de detalle, sino
también en el tinte que le era aplicado y lo que su color representaba, o la suavidad y comodidad que brindaba a quien la vestía.
Luego, en el siglo XVIII la Revolución Industrial trajo nuevos avances a la industria textil que permitieron la creación masiva y sofisticada de
textiles, abriendo un nuevo mundo de posibilidades y motivando el uso del algodón como material textil a un nivel mucho mayor. Con este
nuevo impulso y los subsecuentes avances en manufactura y producción en masa, la industria textil se convirtió en un pilar fundamental de
la economía mundial.

Una nueva era
Tomando esto en cuenta, no es difícil imaginar cómo las nuevas herramientas de la actual era digital han permitido nuevas formas de crear y
modificar los textiles, algunas que actualmente consideramos habituales, otras con sorprendentes posibilidades que superan la
imaginación. Para quienes creaban y procesaban telas en siglos pasados, las propiedades de las telas manufacturadas hoy en día parecerían
actos de magia.

La informática, la robótica, la química, e incluso la física han unido fuerzas en años recientes para la creación de telas especializadas que van
mucho más allá de aquellas fabricadas en base a hebras naturales. Los componentes de siempre como el algodón, la lana y el lino siguen
siendo usados, pero con mayor frecuencia están siendo sustituidos por tejidos artificiales y sintéticos que cambian radicalmente el esquema
de lo posible en cuanto a confección se refiere.

Por ejemplo, los distintos tipos de confecciones basadas en poliéster han permitido desarrollar telas resistentes a la humedad, capaces de
proteger al individuo de los rayos ultravioleta y a su vez mantenerse fresca y ligera, todo gracias a técnicas y maquinarias especiales para la
producción del hilo y su procesamiento en telares de alta tecnología.

Cada día los fabricantes se encuentran en constante investigación para crear y adaptar novedosas telas con resultados que parecen
increíbles: ropa interior impermeable que ofrece una frescura similar al algodón, tejidos de spandex de fino grosor, y prendas irrompibles
que a su vez son lo suficientemente maleables para no ejercer una presión notable sobre la piel.

El área deportiva se ha visto inmensamente beneficiada y atendida por estas nuevas posibilidades. Hoy en día, los deportistas de cualquier
disciplina cuentan con múltiples opciones para practicar y realizar sus actividades a un nivel de mayor rendimiento gracias a camisas más
frescas, resistentes al agua, con mayor movilidad y con una mejor textura. Tan notable ha sido la mejora, que los estándares de vestimenta y
las especificaciones textiles se han convertido en requisitos indispensables que pueden decidir los resultados de cualquier disciplina
deportiva.

La ropa que usas para salir a la calle, para realizar deportes, para ir a una fiesta e incluso la que usas para dormir, se ha convertido en un
testamento del progreso tecnológico humano que tuvo sus inicios antes de haberse inventado el lenguaje. De la misma manera en la cual la
calidad de tu ropa refleja tu estatus social, el nivel tecnológico involucrado en las prendas que usamos diariamente representan cuánto
hemos progresado como civilización.

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